El Varejón, feminista y descalzo

El Varejón feminista y descalzo.

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Para abrir boca

Este Varejón, feminista y descalzo, quiere rendir un homenaje a todas las mujeres con las que hemos caminado algún trecho, a todas las mujeres junto a las que hemos luchado, a todas aquellas de cuyas batallas hemos mirado y admirado.

Desde aquellas mujeres de Hunucmá que en aquel lejano 1993 defendieron los derechos humanos de la virgen de Tetiz y denunciaron el fraude electoral, hasta las que en San Antonio Ebulá, en Campeche, rabiaron cuando sus compañeros intentaron decidir solos, sin ellas, frente al desalojo y al despojo de sus tierras.

Desde las que estuvieron en pie de lucha en Valladolid, hasta las que en Kimbilá hicieron guardia durante días y noches en el palacio municipal para que se respete el derecho del pueblo a elegir a sus autoridades.

La lucha de MAR, cuya fortaleza nos admira cada día a pesar de que la lucha se alarga ante la necedad de jueces y magistrados que se niegan a reconocer el agravio, junto con la lucha de tantas que ahora han dicho basta a la violencia que viven en su propia casa.

La lucha de las mujeres de la tierra que, junto con la Escuela de Agricultura Ecológica de Maní se organizan en cooperativas y la lucha de las compañeras que son autoridades en sus pueblos y las que están defendiendo la tierra para todos y todas.

Todas las luchas. ¡Quién pudiera reunirlas todas!

Este Varejón, que quiere hablar también de feminismos, agradece de manera especial la complicidad de Fabiola, que nos cuenta la reflexión de jóvenes mujeres mayas del sur; de Liliana, que nos comparte cómo surgió la idea de la Escuelita Popular Feminista; de Regina, con su trazo solidario, y de Beto, que acompaña cada Varejón con esa genial columna de música y utopía.

Una de las luchas que recoge este Varejón es precisamente la de las compañeras y compañeros mieleros que han derrotado a Monsanto, lucha por la defensa del territorio y la cultura y contra los transgénicos, en la que sobresale el rostro de compañeras que tanto admiramos y que tantas batallas han dado, como Leydi Pech.

Hablemos, pues, también de feminismo. Qué palabra: feminismo.

Un demonio recorre el mundo, el demonio del feminismo.

Mujer. Mujer. “Mujer. Qué vocablo. ¿Es que no hay límites para la carga que una palabra tiene que soportar? ¿Ha habido alguna vez una palabra de espaldas tan anchas y, al mismo tiempo, tan obscena?” Pregunta Mahmoud en Vergüenza, la novela de Salman Rushdie.

Ahora que las nubes de la violencia y de la guerra amenazan tanto en Europa y en Medio Oriente recuerdo esa novela y recuerdo a Salman Rushdie, escritor inglés de origen hindú, nacido en Bombay.

Mujer: qué palabra de espaldas tan anchas.

Asomémonos, pues. Veamos, siquiera de reojo, qué tanto carga esa palabra que nos nombra. Mujer, mujer.

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